El primer paso de la espiral de trabajo que nos reconecta es la gratitud. Suena contraintuitivo que cuando decidimos mirar de frente a la realidad, a los datos, y estos nos devuelven una imagen tan sombría, comencemos por el cultivo de la gratitud. Puede parecer algo forzado, como si quisiéramos negar lo que vemos a base de interponer buenos sentimientos. Sin embargo, alentar esa sensación de asombro y valoración por la vida que es el agradecimiento nos fortalece internamente, aumenta nuestra resiliencia y nos ayuda a mirar cara a cara a realidades que generan angustia. No se trata de negar lo duro y doloroso. Pero sí de situarlo en una perspectiva más amplia, como abriendo el zoom de la cámara.

La gratitud primera es para con la trama natural que sostiene nuestra propia vida. En esto nos resulta inspiradora la sabiduría de los pueblos ancestrales, que sabían de la conexión e interdependencia íntima existente entre las personas, y estas y su mundo natural.

Así, podemos agradecer la aportación que otros seres vivos hacen para sostener nuestra vida como especie humana, desde los microorganismos (como las bacterias sin las cuales no podríamos vivir), siguiendo por las plantas, animales, o los ecosistemas que propiciaron nuestra aparición sobre el planeta. Y, por supuesto, podemos seguir con todas las personas que nos han cuidado y nos cuidan, y hacen nuestra existencia viable.
En definitiva, la gratitud promueve un sentimiento de bienestar, construye confianza y generosidad y nos motiva para actuar a favor de nuestro mundo.

Entre las prácticas que proponen los autores para alimentar la gratitud, recojo estas dos, por si son de ayuda

1. Llevar un diario de gratitud después de realizar este ejercicio. (i) Percibe: revisa tus recuerdos del día e identifica algo que te guste, por lo que puedas decir “me alegro de que haya sucedido”. No tiene que ser algo espectacular. (ii) Saborea: cerrando los ojos revive ese momento con todos los detalles sensoriales, trayendo al presente las sensaciones. (iii) Da gracias: ¿qué o quién ha contribuido a ese momento? Agradéceselo internamente.

2. Para la próxima vez que podamos salir al monte o veamos un árbol. Reserva un instante para expresar gratitud. Con cada bocanada de aire que inspires, experimenta gratitud por el oxígeno que no existiría de no ser por esas plantas. Nuestro mundo sería un horno sin ellos. Haz un gesto de expresión de gratitud (externo o interno)

Miguel GM